Luis Buñuel, una extraña mirada

Luis Buñuel, una extraña mirada
diciembre 3, 2015 admin

Los días 29, 30 y 31 de Agosto se llevo a cabo el “30 Aniversario Luctuoso de Luis Buñuel” en el Agora de la Ciudad de Xalapa dónde se dieron cita artistas plásticos e investigadores en un ciclo de conferencias en las cuales se abordaron temas como: “La herencia de Buñuel” , “Buñuel, el hombre de las dos caras” y “Buñuel y el surrealismo” de esta última se desprende la participación del escultor y pintor Manuel Velazquez y a continuación presentamos el texto integro de su intervención.


Luis Buñuel, una extraña mirada

Cada vez que me enfrento a un campo que es extraño para mí, me preguntó sobre la legitimidad de mi discurso, con qué derecho hablo. Es necesario decir esto como una especie de precaución general para todo lo que vendrá después, ya que nunca he tomado personalmente la iniciativa de hablar sobre cine. Si ahora lo hago, se debe a que he sido invitado a hacerlo. Esto lo digo como un agradecimiento a los organizadores de este evento quienes me han convocado para estar aquí y como una justificación ante las personalidades con quien hoy comparto esta mesa.

Dicho lo anterior, por supuesto podrían preguntarme entonces ¿por qué estas aquí? Bueno, me interesa el encuentro, el azar y la necesidad de compartir algunas ideas con ustedes. Me interesa compartir cómo Un perro andaluz, Simón del desierto y El discreto encanto de la burguesía, ponen en juego problemáticas extrañas. Esto me da la oportunidad de traer aquí un conjunto de reflexiones sobre las realidades inconexas, dislocadas o incluso contradictorias del trabajo de Luis Buñuel.

Dalí en su libro “Vida secreta de Salvador Dalí ” nos cuenta: “Un día vacié la punta de un pan y ¿qué creen ustedes que puse dentro? Puse un Buda de bronce, cuya metálica superficie cubrí completamente de pulgas muertas, tan apretadas entre sí que el Buda parecía hecho enteramente de pulgas (…) Después de poner el Buda dentro del pan, cerré la abertura con un trozo de madera y lo pegué todo, incluso el pan, sellándolo herméticamente de tal modo que formaba un todo homogéneo que parecía una pequeña urna, sobre la cual escribí: Confitura de caballo”.

A ver, ¿qué significa esto?

En estas palabras irónicas de Dalí, establecidas para desviar el sentido lógico de las cosas, se oculta una provocación. Es el sinsentido electrizante que permite, en un escaso momento, ver más allá de lo establecido. Una lucha por afirmar el sinsentido del sentido. La irregularidad, el azar, el caos, lo indefinido, lo imprevisible y lo ininteligible. Margen externo de la idea de orden único, alejado, limitado.

Buñuel al igual que Dalí cuestiona la necesidad humana de creer en un horizonte controlado, para sugerir en sus películas una nueva ordenación de símbolos y sus interrelaciones; un transcurso, un extraño orden. Al igual que otros surrealistas estos dos artistas postulaban “No consentir ni idea ni imagen que pueda dar lugar a una explicación racional, psicológica o cultural”. Estos autores integran así un discurso significativo y proponen simultáneamente nuevos caminos para pensar el mundo.

Buñuel explora el territorio de lo onírico para permitirnos colocarnos en el límite entre la creencia y el engaño; nos frota en la herida. Entre otras cosas sus películas nos hablan de la dificultad y el anhelo con que los humanos buscamos algo estable, una huella de identidad, aun en lo que cambia permanentemente y nos engaña.

“El cine es algo quebradizo.” Nos cuenta Carlos Fuentes de una conversación con Buñuel. “Depende demasiado de los adelantos técnicos. El progreso hace que las mejores películas antiguas acaben por parecernos empolvadas, crujientes, amables quizá, pero risibles también (…) Para Buñuel, el cine podía ser el vehículo privilegiado de la poesía: un ojo que estalla en llamas y nos revela paisajes insospechados de la libertad humana, más allá de las fronteras impuestas por la tradición, la moral de clase media y el dinero.” Yo le preguntaba, nos dice Fuentes “Entonces, ¿en qué consistiría la posibilidad mediante la cual la libertad y la tecnología se armonizarían en el cine?” Buñuel responde “La cumbre de la realización cinematográfica será alcanzada cuando usted o yo podamos tomar una píldora, apagar las luces, sentarnos frente a una pared desnuda y proyectar sobre ella, directamente desde nuestra mirada, la película que pase por nuestras cabezas.”

La película “Un perro andaluz” de Buñuel, tiene el placer de hipnotizarnos ante una historia cuyas imágenes se desarrollan de manera inconexa frente a nosotros “Un hombre corta el ojo de una joven mientras una nube pasa delante de la luna. Un personaje andrógino juega con una mano cortada y es atropellado. Los torsos de una joven y su acompañante enterrados en la arena son devorados por insectos.” Lo que impacta emocionalmente de estas imágenes es el total sinsentido de las escenas, una especie de escritura automática visual. El universo onírico, obsesivo y erótico de Buñuel. Un manifiesto fílmico del Surrealismo.

“Un perro andaluz” recompensa nuestra mirada: la crea. Pero ¿qué es esta película, sino una estrella errante en los ciclos de lo potencial? Es un hecho totalmente inconsciente, en palabras del propio Buñuel “nació en la confluencia de dos sueños”, el de Dalí y el del mismo Buñuel. La idea de hacer una película a partir de esas imágenes les pareció fascinante y en seis días tenían escrito el guión de una película que da rienda suelta al inconsciente y a lo irracional. El conjunto de imágenes es un variado tejido híbrido, que entre otras cosas nos habla de la cercanía entre la adivinación y el sueño. Un perro andaluz se mueve de forma brillante por los territorios del surrealismo más puro.

Buñuel estrenó Un perro andaluz en 1928 invitado por el fotógrafo Man Ray. La “variación serial” de esta película genera una “densa melancolía”. Después de ver esta película, cuando regresamos a la realidad, esta empieza a desconfigurarse. Buñuel construye a partir de la destrucción. En una ocasión declaró que le encantaría entrar a un museo y destruirlo. En otra, expresó que no le gustaría vivir eternamente, pero sí le encantaría poder levantarse cada cierto tiempo de su tumba, tomar un periódico y ver cómo poco a poco todo se destruye.

En la película “Simón del desierto” Buñuel alimenta la perplejidad del espectador. Simón, un eremita del desierto, montado en la plataforma de una columna, se enfrenta al espíritu y la carne en una guerra contra sí mismo. Simón es aquí un ser carencial e indeterminado, lo cual le obliga a plantearse esta penitencia para dar un sentido a su existencia. Sin embargo, a Simón no le sirve rezar con una pata coja o ayunar durante días. Las voces que escucha son los ecos de sus pensamientos, y de un deseo y su penitencia; que además de inhumana, resulta también bastante patética, chocando con postulados teológicos clásicos. Así, las imágenes se encadenan con una fluidez cercana al sueño, a la insolación o al delirio. También cobra relevancia aquí el problema de la finitud y la contingencia del hombre, así como la definición de la identidad humana.

Desde un trasfondo nihilista, el anacronismo de “Simón del desierto” nunca pierde el humor; con ironía la película se encamina siempre a la progresiva pérdida de referentes espirituales. “En el desierto vacío, Simón escapa, a través de un avión, al presente de aquellos años, a una discoteca neoyorquina, donde jóvenes bailan al son del grupo Carne Radiactiva”. Se trata de un mundo donde lo sagrado y lo profano se unen y donde lo religioso como lo racional, se han desmoronado. El gesto del santo, que renuncia a todo, ya no se distingue. El hecho religioso ha desaparecido y da paso a la gran feria de la carne. La sensación es que lo humano camina inexorablemente a su aniquilación.

Éste es el marco que utiliza Buñuel para abordar el sufrimiento y el mal que llevan a Simón a lo absurdo, destruyendo la roca de lo religioso. La película muestra hoy su persistente actualidad.

En “El discreto encanto de la burguesía”, Buñuel se torna más alegre. Al principio, la película gira dentro del marco de la “realidad”, en un terreno seguro; la base inconmovible de nuestras vidas, pero, poco a poco empieza a surgir lo opuesto, lo particular y subjetivo. Con su estilo característico, Buñuel muestra la fragilidad de la razón. No recurre para ello a complicadas escenas, su película se centra más bien en las innumerables paradojas y contradicciones de la vida de los personajes. Con la ayuda de algunas citas brillantes y oportunas, el autor hace tomar conciencia a los espectadores de cómo la “realidad” no es otra cosa que el sinsentido que tienen los acontecimientos, a partir de una red de relaciones que se van tejiendo en la película, de manera que hasta lo absurdo empieza a tener sentido.

El discreto encanto de la burguesía es un lugar distinto, pero con la poética de siempre. Buñuel coloca a los personajes en un día antes de lo previsto, en una primera cita ordinaria, en el caserón de dos de ellos y, a partir de aquí, todos sus encuentros se enrarecen y son siempre interrumpidos por acontecimientos, apariciones o situaciones singulares, entrando así en un bucle atemporal y antinarrativo. Los personajes avanzan pero desorientados, hacia ninguna parte, siempre con una fachada elegante y sofisticada. El animal que el ser humano trata de encerrar en sí mismo, se escapa por las rendijas de la apariencia. Precisamente, Buñuel añade situaciones oníricas a las situaciones reales, confundiéndonos entre ellas y originando así incertidumbre, pues un plano a menudo es tan onírico o absurdo como el otro, un espejismo, un islote en medio del océano. Es en los sueños donde no sólo el inconsciente, sino también la sinceridad, afloran con mayor fuerza.

En El discreto encanto de la burguesía coinciden también el humor, el sarcasmo, la fijación sexual, la irreverencia y el carácter crítico. Buñuel inconforme, rechaza el formalismo, la lógica y la realidad; busca su propio significado indagando en el subconsciente. Intenta devolver sus derechos a la imaginación, a partir de las experiencias que tiene su raíz en lo inconsciente y lo onírico. La tarea del artista, consiste en hurgar en el inconsciente y en los sueños hasta hallar una realidad nueva y cognoscible, a través de la escritura automática de las imágenes que afloran del inconsciente; ideas y fantasías de carácter delirante, historias fantásticas e incongruentes al dictado automático de lo subconsciente.

En relación con la actividad poética de Buñuel, la escritura visual automática representa el intento de alimentar la creatividad desde las profundidades del subconsciente, desde el sueño y la alucinación, pero también de excluir las fuerzas racionales en la medida de lo posible. En su lugar introduce en el cine procedimientos que, de acuerdo con el medio correspondiente, exploran nuevas fuentes irracionales de la actividad creadora. Al hacer estallar lo irracional, Buñuel genera una nueva relación, da un giro de la diferencia a la analogía; es decir, en el encuentro de las realidades distantes; al final, lo que se afirma no es tanto la diferencia de esas realidades, sino un orden de semejanza que en un principio estaba oculto. Ese orden, para decirlo en términos de Enrique Dussel, es de carácter analógico, y como tal abre caminos a la relación, no sólo entre cosas, sino también entre personas y entre culturas distintas.

Buñuel nos ofrece así, una extraña mirada angustiosa, descubriendo allí por un instante, quizá para siempre, ese lugar donde es posible “El encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas en una mesa de disección”.

Manuel Velázquez, Agosto de 2013.